Cuando se quema un monte se mata la vida, la gente que había en el lugar, los animales, las plantas; solamente se salvan los recuerdos que hemos tenido desde la más tierna infancia hasta la vejez.
No han transcurrido ni quince días desde la victoria de España en el mundial y de aquella eufórica alegría hemos pasado a vivir este acontecimiento tan sangrante como dramático, anunciado a voces por los habitantes de los pueblos y campos afectados que sucumben bajo las llamas.
Puede haberse debido a muchas causas pero la falta de prevención es determinante sino pastan los rebaños, no se recoge la leña tampoco se limpian los cortafuegos además de contar con la presencia de pirómanos sucede lo que estamos viendo. Eso lo saben bien los lugareños que lo han denunciado con frecuencia y mucha preocupación; si ellos han cuidado su medio de vida durante cientos de años algo tendrán que decir al respecto y muy poco las personas desde sus despachos que a tenor de sus decisiones dejan claro que no han pisado el campo ni por asomo.
Cuando era pequeño si se producía un fuego tocaban las campanas, todo el pueblo acudía como una piña a sofocarlo armado de picos, palas, azadones, lo apagaban solos, todo era muy sencillo.
Ahora todo es muy complicado y muy caro, la realidad es que a la región de Madrid le tocaba este año salpicando a todas las provincias limítrofes como el año pasado sucedió en Orense, Zamora entre otras.
Despuès de protocolos y más protocolos los que realmente apagan los fuegos son los vecinos de cada pueblo con sus propios medios que no son muchos, en este sentido con solo siete hidroaviones para toda España no se pueden hacer milagros mientras tanto por parte del ejecutivo se destinan ingentes cantidades de dinero a sufragar proyectos en países como Marruecos o Egipto por citar solamente dos ejemplos de los muchos que hay.
De un tiempo a esta parte aquí como en el resto de Europa el sector primario se lleva la peor parte del pastel, se está haciendo la vida imposible a agricultores, ganaderos y pescadores y con las cosas de comer no se juega; todo ello en aras del llamado cambio climático, de la famosa agenda que todos conocemos.
Insisto la región de Madrid está rodeada por un gigantesco incendio y como en otras ocasiones anteriores citemos el terremoto de Lorca, el desastre de La Palma, la riada de Valencia... las ayudas aunque se hayan prometido llegan tarde o nunca porque a la hora de la verdad como queda dicho más arriba son los propios vecinos los que se mojan.
Un país somos todos y ante cualquier tragedia la respuesta debe ser unánime como ocurrió con el fútbol
Mientras las pavesas continúan desperdigadas por doquier, la ruina, la destrucción y la pena se adueña de hombres y mujeres que han perdido lo que habían levantado con su sudor.
¿Quién se hace cargo de todo lo desaparecido: casas, enseres, negocios, el pulmón verde que representa esta parte del país, quién?
Hay que prever y proveer para evitar males mayores, no digo que una chispa encendiera el desastre pero el terreno estaba y sigue estando abonado con la dejadez más absoluta con una normativa hecha para que se destruya el medio que nos da de comer así que se han juntado el hambre y las ganas.
Mi más sincero reconocimiento para todos aquellos que defienden lo suyo con mucho corazón y muy pocas herramientas; por cierto las llamas siguen devorando a fecha de hoy el Valle del Tiétar en Ávila.
En Aranjuez a 2 de agosto de 2026






