A medida que subía las escaleras,
sintió un fogonazo anaranjado,
la luz de la tarde iluminaba la torre de la Telefónica,
la cúpula del Círculo Mercantil
y otros tantos monumentos recortándose bajo el cielo;
se dió cuenta de pronto que aquel escenario
le seguía fascinando, aún le atrapaba,
habiendo transcurrido tanto tiempo,
desde aquella mañana de 1993
en la cual pintó por primera vez la Gran Vía, su calle preferida;
dedicándola desde relatos, abanicos, pañuelos, un libro entero
hasta una exposición "Más que un monumento",
amén de idas y venidas a cualquier hora o estación
casi siempre acompañado por ella.
Sintió que no tenía que pedir permiso
era una sensación pueril de sorpresa,
el hecho es que se sorprendió de sorprenderse
y sonrió.
Lo que sale desde dentro sin pensamiento es puro sentimiento,
sensación auténtica
como cuando ves una lechuga bajo la lluvia,
el retoño de un árbol que se cimbrea como un junco
pero no se troncha a pesar del fuerte viento.
Porque la flexibilidad y la elasticidad ayudan a seguir adelante
día a día, partido a partido
como decía Simeone.
No voy a justificarme ni a pedir perdón,
sin excusas vivo sin más y lo que me gusta de verdad
es para siempre aunque cambien las circunstancias.
![]() |
| GREGORIO GIGORRO "Gran Vía" Acrílico sobre papel 49 x 34 cm Firmado y fechado en 2000 En Aranjuez a 7 de febrero de 2026 |






