Las palmeras se cimbrean
levemente gracias a la brisa,
la mañana es rabiosamente luminosa,
ella mira el horizonte desde la terraza
mientras él la observa sentado
en una butaca de mimbre;
un hombre corre a través de la plaza
desierta a esas horas,
otro descansa después de un paseo en bicicleta,
mucho más allá alguien frente al mar
quieto quizá piense en lo que harán
los pobladores del otro lado del charco;
mientras grupos de personas se resguardan
a la sombra de aquel frondoso jardín.
Millones de seres humanos miran,
se miran, se entrevén, se ojean,
se ven de veras..., qué sé yo,
lo que sí sé es que una cosa es mirar
y otra bien distinta es ver.
Nos gustaría mucho contar con vuestra presencia.
Hermoso texto y pintura que lo describe siempre poético un gran abrazo Armando
ResponderEliminarIremos, querido Gregorio, a ver y contemplar tu mirada al sur.
ResponderEliminarQuerido Gregorio, gracias por esta hermosa composición y por la invitación que atenderemos con entusiasmo. Feliz Domingo.
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