sábado, 7 de febrero de 2026

Sin permiso

 A medida que subía las escaleras, 

sintió un fogonazo anaranjado,

la luz de la tarde iluminaba la torre de la Telefónica,

la cúpula del Círculo Mercantil

y otros tantos monumentos recortándose bajo el cielo; 

se dió cuenta de pronto que aquel escenario 

le seguía fascinando, aún le atrapaba,

habiendo transcurrido tanto tiempo,

desde aquella mañana de 1993 

en la cual pintó por primera vez la Gran Vía, su calle preferida;

dedicándola desde relatos, abanicos, pañuelos, un libro entero

hasta una exposición "Más que un monumento",

amén de idas y venidas a cualquier hora o estación 

casi siempre acompañado por ella.

Sintió que no tenía que pedir permiso

era una sensación pueril de sorpresa,

el hecho es que se sorprendió de sorprenderse

y sonrió.

Lo que sale desde dentro sin pensamiento es puro sentimiento,

sensación auténtica

como cuando ves una lechuga bajo la lluvia,

el retoño de un árbol que se cimbrea como un junco

pero no se troncha a pesar del fuerte viento.

Porque la flexibilidad y la elasticidad ayudan a seguir adelante

día a día, partido a partido

como decía Simeone.

No voy a justificarme ni a pedir perdón,

sin excusas vivo sin más y lo que me gusta de verdad

es para siempre aunque cambien las circunstancias.


GREGORIO GIGORRO
"Gran Vía"
Acrílico sobre papel
49 x 34 cm
Firmado y fechado en 2000


En Aranjuez a 7 de febrero de 2026