El autobús avanza entre barrancos y valles, cubiertos de castaños, robles, pinos, a través de puentes de vértigo desde los que se vislumbran casitas diseminadas, las luces de las calles continúan encendidas mientras los viajeros dormitan como pueden.
La luz gana terreno a la niebla que invade y desdibuja los contornos del paisaje, el sol comienza a lucir sobre los verdes prados donde de tanto en tanto pastan caballos y vacas.
La ciudad parece deshabitada, ni un alma por la calle tampoco ningún papel bajo el cielo plomizo; por fin descubrimos la muralla romana rodeando el Locus Augusti de ahí le viene el nombre, construida en el siglo III y IV de nuestra era es la fortificación romana mejor conservada. Me la esperaba más alta pero claro actualmente el césped bien cuidado ha dejado atrás al foso que la envolvía por lo tanto el efecto sería bien distinto también me gustaría pensar que dicho recinto fue construido para proteger un bosque sagrado pero eso es lo que a mi me gustaría nada más.
Es una ciudad recoleta y tranquila sobre todo si se llega temprano un día de fiesta; sin prisa ni ruido descubres un lugar armonioso de casas propias de la región con miradores, la piedra está muy presente también las plazas íntimas ajardinadas con primor donde se camina sobre baldosas de granito relucientes, es verdad que chispeaba pero no lo es menos que una máquina de limpieza las iba enjabonando también.
Te sorprendes de la riqueza que atesora la catedral, de dimensiones modestas, construida en estilo románico, a lo largo de los siglos se agregaron obras renacentistas, barrocas y neoclásicas como la fachada principal perteneciente a este último estilo, después de quedar maltrecha tras el terremoto de Lisboa en la segunda mitad del XVIII; es reseñable la capilla de la Virgen de los ojos grandes detrás de la rejería del XVI que recuerda a la de Granada cuyo autor fue Bartolomé de Jaén, sin dejar de mencionar el monumento al Santísimo en la cabecera, una verdadera escenografía barroca. Aunque lo que más me impactó fue la portada del crucero donde un Cristo en majestad deja paso en su parte inferior a un capitel sobre la puerta de entrada que parece partida pero no lo es porque el capitel queda en el aire, donde se representa la Santa Cena, es bellísimo.
Por la Plaza Mayor discurre la vida de la ciudad donde se dan cita edificios como el Ayuntamiento de estilo barroco también destaca el Círculo de las Artes de finales del XIX, el arquitecto es Luis Bellido, desde el exterior nada hace pensar todo lo que atesora un edificio repleto de amplios salones, elegante escalera, un biblioteca interesantísima y una relevante colección de pintura colgada de sus muros donde sobresalen autores como Souto, Bordell, además de otros tantos, dicho edificio es un muestrario bien cuidado de la decoración de aquella época donde suelos, zócalos, mobiliario, lámparas ilustran una forma de vestir un lugar importante dentro de la ciudad, no me extraña que allí se hayan rodado películas de otro tiempo.
Tampoco debemos olvidar el rosario de iglesias además del Museo Provincial que custodia restos romanos, románicos, orfebrería..., no olvidemos que el inicio de la ciudad es romano y es fácil al dar un paseo encontrarse en plena calle restos de dicha época.
La visita fue corta pero suficiente para darse cuenta que Lugo es una delicia en medio del campo, para no perdérsela, os lo aseguro.
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| Catedral de Lugo (España) En Madrid a 12 de abril de 2026 |

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