Es un verdadero placer, un lugar en el cual reina la calma y el silencio, donde te despiertan las campanas de San Dionisio mientras los mirlos cantan en el jardín bajo tus pies.
Un palacio sin embargo situado en el corazón de Jerez de la Frontera del que es aconsejable saber que viene de muy lejos. En el siglo XIII Alfonso X el Sabio tras la reconquista de Sevilla dejó unos cuantos caballeros para proteger la plaza, que ha sido y sigue habitado desde entonces por los herederos de dicha estirpe, donde vivió el último Virrey del Perú cuando éste tenía una extensión mucho mayor que la actual nación; ahora te abre las puertas su propietario.
Tanto tiempo transcurrido nos ha dejado un edificio neoclásico que custodia un patrimonio relevante en pinturas de Rubens, Zurbarán, Arellano entre otros, un mobiliario extenso de los estilos imperio y alfonsino, lámparas de la Granja, alfombras de la Real fábrica sin olvidar una colección de cerámica interesantísima, hasta el comedor de gala se haya dispuesto para una cena incluyendo los menús de la época.
El ala construida a un costado para albergar ilustres personajes a principios del siglo XX actualmente sirve para los huéspedes que quieran disfrutar de este lujo, doy fé que lo es porque te sientes como en casa; el jardín con sus bancos de cerámica azul, los detalles regionalistas de los años 20 como la cerámica, la rejería, las copas ornamentales, los árboles centenarios, los arriates olorosos, la piscina cuyo agua brota de unos relieves de raigambre romana y el silencio roto por las risas juguetonas de los hijos del dueño con los que puedes charlar representa todo lo contrario a los ambientes asépticos e impersonales de tantos establecimientos del ramo.
Para mi es muy importante conservar el patrimonio recibido dándole una utilidad, no es el único caso que conozco pero me consta que en este sentido en el terreno privado no es frecuente, no obstante en el sector público los paradores instalados en monasterios, palacios o castillos hacen también su labor.
En el caso que nos ocupa lo maravilloso es vivir una estancia en un lugar íntimo que te resulta familiar, con pocas habitaciones, por cierto decoradas con primor a base de muebles pertenecientes a la misma época del palacio.
Todo ello se encuentra en el centro histórico a dos pasos de la catedral, San Mateo o la plaza del Arenal en Jerez una ciudad de sobra conocida pero de la que poco se conocen sus monumentos no así los vinos, la feria, el circuito de motos o el festival flamenco.
Una experiencia enriquecedora regada por el buen vino, sazonada por el trato impecable de sus moradores, continuada en la calle por sus gentes cercanas y calurosas que parecen regalarte el tiempo del que muchos carecemos.
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Jardín del Palacio del Virrey Laserna Jerez de la Frontera (Cádiz) En Aranjuez a 16 de agosto de 2026 |

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