"El error fue no escuchar a nuestro corazón"
Antes de que aquel deseo fuera solo un recuerdo, que el arrepentimiento de no llevarlo a cabo se saliera con la suya, logramos llegar hasta aquí, como mostraba aquella vista de Nueva York bajo el puente de Brooklyn pintada hace más de diez años, sentados al borde del río viendo el espejismo de los rascacielos ante nosotros.
Ahora era de verdad, olíamos a sal, veíamos a los niños tirando piedras al agua mientras los barcos surcaban el mar y los helicópteros sobrevolaban la urbe.
Llegamos de noche, vislumbramos algún edificio conocido, la ciudad entera estaba encendida y luego nos dimos cuenta de que siempre a todas horas lo estaba; hacía fresco pero yo ardía en deseos por conocerla, por hincarla el diente.
Desde las terrazas del Rockefeller Center ella lucía imponente y majestuosa a nuestros pies rodeada del ancho río y al fondo el mar. Pensé que en esta isla cabe todo el mundo porque hay muchos mundos pero todos están en tí si lo deseas, yo lo deseo fervientemente, por ello bajé al metro, hasta la orilla del agua, hablé con el que me ofrecía cualquier cosa, pregunté a un vendedor de perfumes del Village, sonreí a una dependienta en Tiffany´s y eche unas monedas a un músico en Central Park.
Pero también pasamos un rato muy agradable con un fotógrafo que preparaba el desfile de la hispanidad o cedí el paso a una señora en la catedral de San Patricio.
Me encantó tomar un café en el Waldorf Astoria, un hotel donde el art decó enteramente es el protagonista, escuché música de Jazz en el Blue Note de Chelsea, me quedé asombrado por la lluvia de neones en Time Square, pura fantasía.
Todo el mundo tiene ilusiones, esperanzas, concretamente aquí se dan cita mil razas, colores, costumbres, ritmos, espectáculos dispares, cientos de idiomas aunque hay que decir que en la calle se escucha mucho el español.
Todo sin tapujos, ni complejos, con un ritmo cotidiano en la calle que es un auténtico hervidero, un ir y venir de gente de toda índole atraída por ese magnetismo, esa vitalidad que irradia esta ciudad.
No soy en absoluto ajeno a todo ello más bien lo contrario porque si te sientes como en casa, quizá es porque ésta puede ser tu nueva casa, un lugar donde esté tu sitio, en el cual florezca la vida a raudales y de mil maneras, donde puedas crear y recrear sin ningún tipo de prejuicio.
Porque les voy a confesar algo: me encantan hasta la saciedad las flores, en Nueva York hay un montón de floristerías, de hecho cuando íbamos de camino hacía el hotel nos llamó poderosamente la atención; soy de los que piensan que se compran flores para embellecer los lugares tanto públicos como privados y sobre todo en mi caso las regalo a aquellas personas que puedan disfrutar de su fragancia.
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| GREGORIO GIGORRO " El Chrysler desde Bryant Park" Acrílico sobre papel 21 x 15 cm Firmado y fechado en 2026 En Aranjuez a 18 de octubre de 2026 |

Apreciado Gregorio, eres un genio en el arte de congelar la mirada, para inmediatamente hacerla tuya pasándola por el tamiz de tus prosperas y ornamentales categorías cognitivas. Un abrazo.
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