sábado, 4 de diciembre de 2021

La Gloria del Salvador

 Los ojos le seguían haciendo chiribitas aunque ya hacía tiempo que ambos peinaban canas; mucho ha llovido desde aquella mañana en la que se conocieron. Él, fontanero de profesión recibió una llamada para arreglar un problemilla doméstico, al finalizar su cometido en casa de ella, se olvidó uno de sus útiles de trabajo y a los pocos días regresó a recogerlo, al abrirle la puerta sus miradas se clavaron y desde ese preciso instante ya no se separaron nunca.

Cuando se casaron el cura les dijo que ellos no tenían un nombre sino dos importantes conceptos; la pareja sonrió y después comieron perdices y todo lo que se terció. Nacieron sus hijos y los criaron con trabajo y tesón y aún faltando algunas cosillas jamás escatimaron en entrega y alegría para éstos y todos aquellos a los que podían echar una mano.

Vivieron una vida plena, plagada de apuros, de altibajos, con sinsabores y por supuesto con días de vino y rosas; pero siempre sacaron el jugo a todo lo que se ponía a tiro. Su compromiso era firme, era un amor más allá de las arrugas del tiempo que puede agrietar cualquier empeño si uno se descuida.

Daba gloria verlos, quién eligió a quién o quién salvó al otro y de qué; simplemente vivían sin más el uno para el otro.

Ahora cuando le preguntan: "Salvador, ¿qué tal estás?, pues muy bien, con la Gloria tengo bastante, porque siempre estoy con ella y para qué más, digo yo".


GREGORIO GIGORRO
"Parque del oeste" 1993
Óleo sobre lienzo
92 x 60 cm


En Aranjuez a 5 de diciembre de 2021