miércoles, 4 de enero de 2023

Un insigne arquitecto

 Mirando la lluvia tras los cristales mientras espera la visita del médico en su casa de la calle Leganitos, piensa: "Cuánto ha llovido desde entonces".

Aquella mañana lluviosa de mayo cuando su padre le llevó al Palacio Real de Aranjuez con apenas diez años, determinó su futuro y el de buena parte de la arquitectura en España durante el siglo XVIII, Ventura Rodríguez había recibido de éste todos los conocimientos de aritmética y geografía, en Aranjuez entró en contacto con pintores, decoradores y arquitectos como Galluzi, Bonavia, para los que trabajó; a partir de los dieciocho años se incorporó de la mano de Juvara a las obras del nuevo Palacio Real de Madrid al cual siempre consideró como su maestro aunque la influencia de Juan de Herrera y Covarrubias se dejó sentir sobre todo en su etapa madura derivando hacía un estilo más clasicista como ejemplo sirva la fachada de la catedral de Pamplona. En 1737 ya es primer dibujante y realiza diseños para la escalera principal, en 1741 es aparejador segundo del Palacio, más tarde es nombrado segundo arquitecto tras sustituir en varias ocasiones a Sachetti; a los cuarenta y cinco ya era director de la Academía en la Corte aunque también será miembro de la de San Luca en Roma.

Mientras pasea por la sala le viene a la memoria aquella ocasión en la cual presentó proyectos para realizar la Plaza delante de Palacio y la bajada al Campo del Moro de dicho Palacio que no fueron dignos de ejecutarse por haber sido él el autor; estaba en aquellos años a la sombra de los arquitectos italianos venidos a España y no tenía la misma consideración que aquellos.

Pero le llegó su hora, pensaba chasqueando las manos. Tanto es asi que llegó a abarcar todo el abanico de posibilidades que proporciona la arquitectura, englobando trazas de nueva planta, restauraciones, hospitales, escuelas, teatros, iglesias, obras públicas hasta arquitectura efímera.

Lo que le da pena es la cantidad de proyectos presentados y los pocos realizados, todos aquellos que se archivaron, se olvidaron.

Cerca de su domicilio se encuentra su primera obra; La Iglesía de San Marcos, mucho más lejos está la Capilla del Pilar en Zaragoza para la que tuvo que reestructurar todo el edificio, o La del Sagrario de Jaén, La Iglesia de Santo Domingo de Silos, El Seminario de los Padres Filipinos en Valladolid..., sin embargo no se llevó a cabo la fachada de La Catedral Primada en Toledo o El Santuario de Covadonga.

Con todo y con eso su obra se extiende por toda la geografía española desde Renteria a la Orotava pasando por Málaga, Barcelona, Santiago, Játiva y muchas otras ciudades: el trabajo era tal que contó con colaboradores como Antonio Machuca y Felipe de Castro entre otros.

Recordando ésto se para en seco y piensa en sus dos matrimonios, ambos sin descendientes, sin embargo adoptó a un sobrino suyo, Manuel Díaz Rodríguez con quien no escatimó nada en aras de conseguir una buena instrucción, será su continuador, autor entre otros trabajos de La Aduana de Málaga.

¡Cuánta gente habrá a estas horas paseando por El Prado!, medita con una media sonrisa, porqué eso de tener por cliente al Ayuntamiento de la capital probablemente fue lo que más le gustó, dejar a la ciudad un amplio espacio decorado con fuentes monumentales (Cibeles, Neptuno y Apolo) para solaz de sus pobladores.

Después de tamaño repaso se tumbó a descansar en un diván, la lluvia seguía cayendo, al rato entró la criada, dándole el recado de que su médico sentía mucho tener que posponer la vista para otro día.

Ventura Rodríguez Tizón nacido en Ciempozuelos en 1717 murió en Madrid el 26 de agosto de 1785 en el número 13 de la calle de Leganitos, fue enterrado en la Iglesia de San Marcos de dicha ciudad junto a su segunda esposa, su vida artística va pareja a su trayectoria vital, fue un insigne arquitecto de similar valía que Juan de Villanueva y Sabatini.

GREGORIO GIGORRO
Boceto de Madrid
Rotulador y lápices de colores sobre papel de estraza
Firmado y sin fechar

En Aranjuez a 4 de enero de 2023