Porque la vi nacer, no puedo ser nada objetivo,
abrió sus ojos vivaces mirando todo a su alrededor. Era lunes.
La vi crecer, día a día aumentaba su curiosidad por todo absolutamente;
al pájaro con ganas irrefrenables de volar,
hay que darle alas verdaderas,
para que llegue todo lo más alto que deseé.
Y como todo de lo que se nutre cada persona aflora sin remedio
pues no solo vivimos de pan
andando el tiempo comenzó a leer, a hacer deporte
un buen día nos dijeron que cantaba muy bien,
sabemos que desde muy pequeña escribía y que lo guardaba a buen recaudo,
más pronto que tarde estalló con la fuerza de un corcel
campeando por todos los campos posibles
queriendo llevar a cabo sus sueños,
nosotros lejos de desecharlos los apoyamos sin condiciones con nuestra propia vida
y he aquí que nos encontramos
con que Isabel ha comenzado su viaje, cargada de una mochila repleta
hacía sí misma hasta su propio mundo.
El toro del cielo su primer trabajo literario siendo muy joven es una pieza íntima
con un lenguaje fresco, certero y plagado
de reflexiones elaboradas,
imágenes oníricas, sugestivas y sugerentes
que no pueden perderse por nada del mundo.
Es una auténtica torera
que se paseará por todas las plazas que sean precisas
aunque para mi siga siendo aquella niña
a la cual mostré por primera vez un tallo de romero con su color, su olor
sé que no se nos ha olvidado a ninguno de los dos
como también sé que ya no es aquella chiquilla
y la verdad, me siento muy orgulloso.