sábado, 5 de enero de 2013

Desde el Cielo



Desde el cielo todo se allana, todo es plano: las montañas, los bosques, los edificios se achatan ante nuestros ojos y si éstos se encontraran abajo, también nos verían diminutos o simplemente desapareceríamos entre las nubes sin dejar ningún rastro. Todo es, según lo veamos; la botella está medio llena o medio vacía, depende..., ante un mismo hecho acaecido, una persona lo percibe de forma completamente diferente a otra. 

Acabamos de estrenar un año nuevo, imaginemos, que es un espacio totalmente vacío que está esperando que tú lo llenes. Si te lo propones será el mejor año 2.013 de tu vida, ¡No lo dudes! Si todos queremos, podremos conseguir objetivos más altos; pero en lo más bajo como en lo más alto, el hecho es el mismo.

Somos insignificantes en el Universo, como un grano de arena que desaparece con el vaivén de las olas.

GREGORIO GIGORRO
"Desde el Cielo"
Tinta y acrílico sobre cartón
Firmado y fechado en 2.013
Medidas: 35 x 50 cm


Aranjuez a 5 de enero de 2.013






viernes, 28 de diciembre de 2012

Recuerdos


Qué noche tan calurosa la de aquel día de julio cuando nos conocimos en una cena en casa de unos amigos en la calle de Espronceda; estaba dicharachero, daba un montón de detalles sobre la cita en la galería Peironcely, se habían interesado por mi trabajo,  yo estaba pletórico de alegría; poco después me dedicarían una exposición individual, "Veraneo en Madrid"; trabajé en dicha galería  hasta que la cerraron por jubilación. ¡Ay Madrid, qué recuerdos!

¿Te acuerdas cuando eramos vecinos en Malasaña? Cruzaba la calle cada tarde  para invitarte a ver la puesta de sol, en el Templo de Devod, vestidos como si  estuviéramos al borde del mar, en  un lugar donde éste, no se concibe.

Una vez subimos a la azotea de la torre de Madrid, acompañados por el conserje, gozando de la vista a nuestros pies, de la ciudad esparcida  hacía la Mancha y al norte las brumosas nubes parecían comerse a la sierra. Al poco tiempo desde la escalera interior de dicha torre me puse a pintar y a la vez  imaginar  un cartel de fiesta que por fortuna sería el elegido para anunciarlas en julio del mismo año.

Lo mejor de la buhardilla era subirme al tejado con el pretexto de limpiar los cristales de las claraboyas,  para obtener mayor claridad; me sentaba sobre las tejas y el cielo encapotado de naranjas, malvas, rosas..., se recortaba por encima de la cúpula de San Cayetano y de un sinfín de antenas sobre las casas.

Los domingos, solíamos bajar a la plaza del Campillo, repleta de trastos y antigüedades que vendían los gitanos. ¡Nos encantaba!, con el tiempo conseguimos comprar alguna que otra  pieza, además de traérnoslas hasta casa, pues Ricardo,  un gitano de ley y vendedor, le pillaba de camino hacía su pueblo.

Otra delicia de la que disfrutábamos, era tomar cañas de cerveza y raciones de oreja con tu padre, en un bar de la calle de Embajadores, sin olvidar las verbenas al aire libre durante las fiestas de San Lorenzo, estando ya embarazada de Andrés.

Lavapiés era nuestro barrio, lo recuerdo chispeante  y popular. No tenía precio ver a la señora de enfrente pasear a su pato  y sus perros  por la calle o como disfrutaban una familia de gitanos cenando en una mesa larga a lo largo de la acera. Como olvidar las  trufas de la calle Mesón de Paredes, la señora  y sobre tod0 el solado de plaquetas hidraúlicas, que de golpe y porrazo un día desapareció junto a la pastelería, claro, y se convirtió en un establecimiento chino.

Imposible olvidar el nacimiento de  Andrés, el sol majestuoso se ponía aquella tarde de un frío enero,  tres años más tarde la mirada pizpireta de Isabel, hizó que el nacimiento de mi hijo lo  recordara más somnoliento, de cualquier modo los dos son lo más maravilloso que me ha sucedido hasta la fecha.

Recuerdo en una noche sofocante de verano, como nos volvimos locos recogiendo cilindros de cartón desechados de una tienda de tejidos, creyendo que me servirían para enrollar telas pintadas por mi. Nos gustaba mucho pasear por la Gran Vía a cualquier hora, de vez en cuando, siendo ya mayorcitos los niños, comíamos en la cafetería del Corte Inglés, en la planta octava; pedíamos la mesa que justo daba frente al edificio Capitol, al fondo como punto de fuga, la torre de Madrid y más al  fondo las montañas descollando entre los edificios y debajo el bullicio de los coches y las aceras atestadas de gente.

Era agradable y lo sigue siendo ir al Círculo de Bellas Artes a tomar un café en un marco decadente y señorial a la vez o subir a la azotea desde donde se ve coronando todo el centro de la ciudad, el espléndido cielo de  Madrid en cualquier época del año. Son muchos los recuerdos que atesora mi memoria, sería arduo repasarlos todos; ahora cuando vuelvo, es curioso, me convierto en  un turista que regresa  a su ciudad y necesita verlo todo para saber que está donde lo  dejó, de esta manera sigo fabricando más recuerdos.

Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"Gran Vía"
Tinta y óleo sobre lienzo
Firmado y fechado en 2.011
Medidas: 46,5 x 33,5


Aranjuez, 28 de diciembre de 2.012







jueves, 20 de diciembre de 2012

La estrella



En una noche de frío invierno, grandes y pequeños salieron a la calle, poseídos por una fiebre calenturienta, encaramándose los unos sobre los otros, esperando alcanzar aquella luz cegadora, haciendo palidecer al resto de los demás astros que poblaban el firmamento; como si se tratara de la nueva Jerusalém  celeste descendiendo sobre nosotros. "A su luz caminarán las naciones y los reyes de la tierra irán a llevar su esplendor",  según se describe en el libro del Apocalipsis.

Ojalá está luz inunde nuestros corazones de esperanza porque si no existe ésta, de poco sirve la vida, y  la alegría rebosante llene  hasta el último rincón del planeta.

En nombre de mi familia  y en el mio propio os deseamos una feliz navidad y esperamos que el próximo año venga cargado de ilusiones.


Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"La estrella"
Acrílico y tinta sobre lienzo
Firmado y fechado en 2.012
Medidas: 25 x 25 cm

En Aranjuez a 21 de diciembre de 2.012
                                       





domingo, 16 de diciembre de 2012

A correr


No pierdas tiempo, es urgente que no dejes escapar un solo segundo. ¡Hay una verdadera conspiración contra la vida!, y ésta es lo único que tenemos, por eso no debemos desperdiciarla por menos de nada. Existen multitud de cosas placenteras que se te escapan sin darte cuenta, que están ahí, al alcance de tus manos, de tus ojos...

Nadie puede impedir que veas el rocío en una hoja de hiedra, el sol en tu cara al atardecer, el gusto del agua sobre tus pies, en un ir y venir de las olas del mar; las miradas que se cruzan con otras  miradas, llenas de chispa y complicidad, siempre diferentes; el fuerte abrazo y el apretón de manos que son más que un documento notarial. Miles de pequeñas cosas  que importan mucho para que vivir sea más agradable, te están esperando.

¡Párate y disfruta!, cada instante es único e irrepetible, no pretendas agarrar una pompa de jabón, pues sería en vano. Si te caes cien veces, levántate otras tantas con más fuerza, si vas hacia atrás, es para tomar carrerilla; pero pase lo que pase, no dejes de sonreir nunca. No es un valor que cotice en bolsa,  pero es la mejor arma para dejar sin recursos al otro.

Los mejores momentos de mi existencia han sido gratis, nunca gratuitos.


Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"A correr"
Óleo sobre lienzo
Firmado y fechado en 2.012
Medidas: 19 x 61,5 cm


Aranjuez, 16 de diciembre de 2.012

P.D: ¿Te has fijado alguna vez en los paseo nerviosos de las hormigas? Inténtalo, ellas también viven bajo el sol.


jueves, 13 de diciembre de 2012

Una tienda particular


De un tiempo a esta parte se oye con frecuencia decir: "Me duele la cabeza o qué mala cabeza tengo, voy de cabeza..."; medio mundo anda desquiciado, basta con dar un paseo a pie o en cualquier medio de locomoción  para comprobar lo que os digo. Las personas deambulan sin verse, con la mirada perdida, absortos en sus cuitas, la gente está crispada; se usa el claxon a la primera de cambio, se grita mucho; mucho ruido y pocas nueces es la tónica reinante por estos lares.

Las buenas formas se encuentran de capa caída, demasiadas personas se extrañan si les saludas  por la calle o  pides algo por favor... Actualmente puedes tener miles de amigos virtuales y sin embargo no conocer al vecino del piso de arriba. El número de niños de padres separados es grande teniendo en cuenta la escasa natalidad, y es que casi nadie aguanta a nadie. La autoridad de los padres brilla por su ausencia en favor de niños consentidos y poco preparados para llevar algún día las riendas de sus vidas; vivimos en un mundo al revés.

Pensando en emprender un negocio, me devané los sesos, a punto estuvo mi "azotea" de salir echando humo, cuando por fin, di con la tecla.  Yo ofrecería algo distinto a los demás: ¡Abriría una tienda de cabezas, sí, como lo oís! Examinada la situación, viendo este mundo resquebrajarse, lleno de prisas, donde no se sabe si se va o si se viene, se sube o se baja; en definitiva sin norte alguno, lo mismo que se cambia de casa o de coche, ¿porqué no cambiar de cabeza?, para mejorar, claro.

Habría que hacer una limpieza exclusiva a cada cliente para que éste encontrara el mejor modelo de  testa; al mismo tiempo montar un gabinete para recuperar el sentido común, el más común de los sentidos brilla por su ausencia; deberíamos reinstalar de una vez por todas los principios que han regido nuestra vida, dando importancia al esfuerzo, a la voluntad, al riesgo, a la ilusión y a la creatividad.  A ser menos individuos y más personas, nos necesitamos los unos a los otros, porque todos estamos condenados a entendernos desde el respeto.

Por supuesto, para iniciar un  negocio sea el que sea, se necesita solventar muchos trámites: la elección de un lugar idóneo, bien situado, una llamativa publicidad, un capital...¡Qué sé yo!, un sinfín de vericuetos que hay que sortear para llegar a buen puerto y en eso estamos.

Verdaderamente que razón tenía Ortega cuando decía: " Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, por eso nos pasa lo que nos pasa".


Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"A borbotones"
Tinta china y acrílico sobre cartón
Firmado y fechado en 2.012
Medidas: 37,5 x 26,2


En Aranjuez, a 12 de diciembre de 2.012.




domingo, 2 de diciembre de 2012

Cosas que nunca te dije



Ya no estás entre nosotros, te has marchado definitivamente; pero yo, tu sobrino, te recordaré siempre porque desde muy pequeño estuve con vosotros, contigo y con el tío. Como mis padres tenían que trabajar les ayudabais a cuidar de su primer retoño, así empezasteis a ser un poco padres conmigo siendo aún novios.

¡Qué guapos estabais el día de vuestra boda, camino de la iglesia! Tú esbelta, sonreían tímidamente tus ojos verdes bajo el moño recogido en una diadema, él apuesto y sobrio como siempre fué. El evento quedó deslucido por la muerte de tu suegra, por ello en casa de los abuelos obsequiasteis a los pocos invitados a tomar limonada y pastas; sobraron muchas que se guardaron en la bodega, mis viajes a ésta se prodigaron bajo la mirada pintada del caballo de cartón fallero y las enormes tinajas que parecían vigilar mis visitas para endulzarme con los borrachos, pastel delicioso, muy pero que muy dulce. Cada vez que me como uno de ellos, me acuerdo de aquel día todavía.

Recuerdo tus regañinas porque no quería echarme la siesta, también cuando nació mi hermana mientras estábamos en casa de los abuelos en aquella blanca y fría mañana de enero.

Cómo olvidar  aquellas nochebuenas, comiendo el pavo recién cocinado, criado por la abuela, habiéndole visto antes desangrarse sobre el barreño de barro salpicado de humeante sangre; también cuando íbamos al campo a recoger la aceituna o la uva, todos juntos y contentos. Aquellas vacaciones en la Casilla donde vivíais cerca de Aranjuez, a la que he vuelto muchas veces, tú lo sabías; ahora ahogada por una fría y rápida autopista. En ese mismo lugar, siendo yo un niño, había un vivero repleto de magnolios y un sinfín de plantas, un arroyo justo al ladito donde nos bañabamos y un lilo aún costado de la casa y sobre todo mucho silencio.

Cómo olvidar los paseos en la Vespa del tío, tomando la curva de la calle de San Antonio, bajo los tilos. Me acostumbré al olor de la gasolina, a los umbrosos paseos, a los arroyos que discurrían bajo los centenarios plátanos, al perfume de los magnolios... Aquellas comidas en familia, a la sombra de las moreras todos juntos cuando aún vivía el abuelo, son inolvidables. 

En aquella época, todo, todo era más intenso: el olor a tomate recién cortado, el calor de una tarde de verano, el barro cuando llovía, el aroma del aceite sobre un trozo de pan, tus ojos verdes, tu risa, tu voz. Ahora todo eso se ha apagado; me fui a despedir de ti, a uno de esos sitios horrendos, tan a la moda en nuestro tiempo, donde se pierde toda intimidad y recogimiento.

Habrá que acostumbrarse a tu ausencia, ya no volveré a escucharte, a besarte, tu forma áspera y sincera de contar las cosas ha cesado. Pero yo te llevaré conmigo mientras viva, porque tú, me enseñaste mucho cuando era un niño. La infancia es el saldo de mi vida, y eso, no es moco de pavo.

A mi tía Alicia. 


Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"El paseo"
Tinta y acrílico sobre papel
Firmado y fechado en 2.012
Medidas; 42 x 29,5cm

Aranjuez, 2 de diciembre de 2.012

domingo, 25 de noviembre de 2012

Empaque


El viajero se detuvo frente a una fachada elegante y sobria de color hueso bajo el balcón central, la enorme  puerta entreabierta le invitó a entrar, descubrió un gran zaguán dividido en tres espacios, el más ancho que le hablaba de tiempos lejanos; sin duda  era el paso de carruajes, -¡cuántos habrían surcado esas losas desgastadas, esos vehículos repletos de equipajes llegados hasta aquí!- Más adelante, un arco de medio punto rebajado enmarcaba una fuente bien labrada en piedra con varias pilas decrecientes, situada en un patio cuadrado, donde convivían aparatos de aire acondicionado, tenderetes de ropa, persianas de diferentes colores...

A la izquierda del zaguán, nacía una ancha escalera con marchas que hacían cómoda la subida bajo arcos airosos, dejando entrar la luz plomiza de aquella mañana lluviosa, así llegó al piso noble que a través de una balconada alrededor del patio se asomaba a éste y permitía disfrutar de la cornisa rotunda de casetones que lo rodeaba. Pensaba, -¡qué hermoso debió de ser todo esto!-, ahora con desconchados en las paredes descoloridas, los ventanales maltrechos y tantos otros desperfectos.

Sentía de golpe ecos venidos de lejos, cuando el palacio estaba en su apogeo y se celebraban las fiestas a la luz de multitud de velas, la música, el baile, las risas de los invitados, el ir y venir de los lacayos; cuando en primavera se festejaban en Aranjuez las Jornadas Reales y los Duques de Medinaceli, dueños de este palacio acudían con los de Alba, Oñate, Osuna y otros, para disfrutar de los eventos preparados para su solaz.

Aranjuez, cada mes de marzo era una fiesta y una cita ineludible para la aristocracia española, donde compartían mesa y mantel los nobles con los artistas, la sociedad más refinada de la época al servicio de sus majestades no podía faltar y debía estar a la altura de su rango, para lo cual el despliegue de medios era todo un espectáculo; un verdadero ejercito de servidores, de proveedores se desplazaba para suministrar todo tipo de mercancias a tal efecto. 

Con el paso del tiempo las velas se apagaron, cesaron las risas y los conciertos con los mejores cantantes de ópera, se acabaron los paseos por el Tajo a bordo de lujosas falúas y también toda aquella llegada de mercancías para disfrute de unos pocos. Todo aquel lujo desapareció y aquellos edificios se fueron transformando en casas de vecinos como éste, otros se convirtieron en establecimientos de hostelería y alguno cuesta creer lo que en su día fueron. Con todo, uno puede adivinar lo que debieron de ser a juzgar por el empaque que aún conservan a pesar de la decadencia actual. Es una verdadera pena comprobarlo, se echa de menos una mínima sensibilidad hacia un patrimonio único que debería preservarse, pues estamos hablando de un lugar que nada tenía que envidiar a Versalles como centro de belleza y poder, que bien conservado sería un reclamo de visita obligada para aquellos que valoramos la hermosura en sentido más amplio.

Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"Globos sobre Aranjuez"
Tinta sobre lienzo
Firmado y fechado en 2.010
Medidas: 30 x 60 cm



Aranjuez, 25 de noviembre de 2.012