lunes, 14 de enero de 2013

Tus ojos





Sedientos de curiosidad, 

chispeantes de alegría,

inquietos de preocupación,

ávidos de las más gratas sorpresas;

tus brazos largos para la danza,

tus manos de pianista,

dispuestas tanto para acariciar como para cargar con lo que haga falta;

tus piernas flexibles y veloces para correr o para dar cientos de volteretas.

Y sobre todo ello, tu cabeza, que vas amueblando poco a poco con tus vivencias, tus sensaciones; es una fábrica de recuerdos que hará que un día sea un verdadero palacio.

Parece que fue ayer, agazapada nada más nacer, tus ojos vivaces escrutaban todo. Nunca olvidaré aquella imagen; ahora acabas de cumplir doce años, ya eres una mocita pero para mi, siempre seras la niña de mis ojos.



Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"Pepi de vacaciones"
Acrílico sobre cartón
Firmado y fechado en 2.013
Medidas: 50 x 35 cm


En Aranjuez, a  15 de enero de 2.013

sábado, 12 de enero de 2013

La vuelta


Después de haber disfrutado de un viaje de novios de lujo, regresaron a la buhardilla, era su hogar. Su estancia en México había sido maravillosa, el país les encantó, les acogieron con cariño y lo más importante: consiguieron encargos; el mejor regalo de boda, fue realizar un lienzo de más de dos metros por dos sobre la Gran Vía, destinado a una casa particular, un sueño; además de contactar con Galerías, visitar Museos y bailar, ¡qué baile más encantador se marcaron en la última planta de la torre Iberoamericana o bajo la carpa de la plaza Morelos. Se sentían como en casa, pero había que volver con sus maletas llenas de vivencias nuevas y muchos regalos para sus familias.

Cargados como venían después de subir andando los cuatro pisos de rigor, llegaron y al abrir la puerta se encontraron lo que habían dejado: un habitáculo extrecho, caluroso, muy coqueto además de muy modesto. Ella, después de haber disfrutado de lugares ensoñadores era como si las vigas de madera centenaria se le vinieran encima. Él le dijó: "No te preocupes, nos vamos otra vez", y se marcharon hasta encontrarse frente al mar azul del sur. Pero siempre hay que volver, parece ser aunque es cierto que con alegría, pues había que cumplir con los encargos conseguidos durante aquel viaje. La casita estudio al tener reducidas dimensiones presentaba ciertas dificultades para llevarlos a cabo, pero ni que decir tiene se llegó a buen puerto; la buhardilla disponía de luz a raudales debido a las siete claraboyas en el techo y distribuyendo los espejos consiguió más profundidad colocándonos frente a los lienzos blancos, pues al tener mucha pendiente el tejado no podía alejarse  porque se daba coscorrones en la cabeza; con el tiempo logró sortear todos los inconvenientes que no eran pocos.

Al no haber cocina, se las ingeniaban, preparando un sinfín de ensaladas, de platos precocinados; lo peor era el frío en el invierno y el calor en el verano, pero eran jóvenes y nada se les hacía cuesta arriba. Sin embargo el baño era generoso en proporciones, tenía luz por todos lados, incluso en el techo y una bañera que de forma ilógica había colocado en anterior dueño, también disponía de una lavadora que además de lavar, andaba. Lo más divertido de este asunto, fue comprobar como habían metido el aparato en cuestión por una puerta tan extrecha.

Pero lo mejor de todo era la tranquilidad, se encontraban en el centro de la ciudad, en un barrio castizo y alegre con el Rastro al bajar la calle. Recibían pocas visitas de sus respectivas familias, excepto las personas interesadas en ver sus trabajos. Solamente el padre de ella, siempre cariñoso con los dos, venía con frecuencia, salían a darse una vuelta o a tomar algo.

Así pasaron algunos años hasta que llegó el primer retoño y consiguieron otra casa porque no había sitio para los tres, aunque el estudio siguió funcionando como tal, cuando el número de la familia aumentó y aún antes, a los niños les gustaba venir y ver lo que había pintado su padre. Se sentía como en una especie de isla en medio de la ciudad, sin estar aislado de nada ni de nadie.


GREGORIO GIGORRO
GREGORIO GIGORRO
"El salto del caballito"
Óleo sobre lienzo
Firmado y fechado en 2.008
Medidas: 100 x 81 cm


En Aranjuez a 8 de enero de 2.013








miércoles, 9 de enero de 2013

El regalo


"Regálame una tarde como aquella, porque sé que no habrá otra igual". 

¡Qué bien le sentaba aquel vestido cuajado de rosas sobre un fondo negro, las sandalias planas, la pamela de paja y qué decir de sus gafas que le ayudaban a ver todo de color de rosa!, a su lado él estaba sentado como un niño con zapatos nuevos; la verdad, daban la pinta de turistas.

Las palmeras rebasaban a las casas de la plaza, las cariátides no mostraban cansancio por sostener la pesada taza de la fuente que sin parar les empapaba de agua, como tampoco cesaban de ir y venir las juguetonas palomas.

A la sombra de una sombrilla, tomando una cerveza bien fresquita veían pasar la vida aquel día de junio; el bullicio de las Ramblas fue un baño de color y de calor, repleto de personas de todo tipo, de las flores, de los pájaros hasta desembocar en la puerta de la Paz, presidida por la magnífica columna coronada por Colón. Enderezarón el paseo del mismo nombre, les sonreían las palmeras, la tarde prometía ser divertida. Subieron a su hotel para descansar un rato, bueno lo que dan ciertos ratos cuando todavía estaban deseosos de seguir conociéndose.

La cena a base de pescaito frito y vino frío les ayudó a reponer fuerzas; más tarde el paseo al borde del mar, les refrescó totalmente, al poco se retiraron a dormir, pues había que madrugar. La sola idea de no despertarse a la hora señalada, les impidió conciliar el sueño; cada vez que se iban de viaje, les sucedía lo mismo; seguían siendo como niños.

Madrugaron y desayunaron sin prisa, se dirigieron caminando al puerto y como tenían tiempo antes de zarpar su barco, él pudo tomar algún apunte. Subieron y desde lo más alto del buque divisaron una hermosa vista de la ciudad bajo la esplendida mañana.

Por fín cumplirían su acariado deseo de ir en barco hasta Roma.


Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
La plaza Real de Barcelona
Óleo sobre lienzo
Firmado y fechado en 2.000
Medidas: 81 x 65 cm




Aranjuez a 7 de enero de 2.013

domingo, 6 de enero de 2013

La carta


Yo conozco a un padre, os lo digo porque soy su mejor amigo que escribió la carta a los Reyes Magos y venciendo su pudor de hombre me la mostró. 

Decía así:

 "Queridos Reyes Magos:


      Me gustaría que me trajerais tiempo, más tiempo para mi mujer y mis hijos y así poder cuidarles mejor; además de un cargamento de alegría, mucha alegría para tomarme las cosas más a la ligera, pues últimamente noto que estoy perdiendo el sentido del humor; me río menos.

     Ah y si es posible un montón de kilos de paz, no olvidéis poner otros tantos kilos de paciencia y esperanza a partes iguales.

     Sé que me he demorado mucho en escribiros pero como sois magos también sois mágicos y aunque fuera de fecha, considerareis lo que os pido. Me consta que ese tipo de mercancía no se encuentra en ninguno de los establecimientos donde os abastecéis, pero yo que sigo creyendo en vosotros, no sólo en unos días señalados, sino durante todo el año. ¡A buen seguro que habrá un lugar en el mundo donde eso que os reclamo exista!
No me importa recibirlo en varias veces, ni el tiempo que tenga que esperar. ¡Esperaré!"

     Sin más por mi parte,  reciban mis más distinguidos saludos.

Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"De Oriente"
Biombo
Óleo sobre madera
Firmado y fechado en 2.002
Medidas: 1,65 x 2 x 1,80 cm



En Aranjuez, a 6 de enero de 2.013
P.D.
¿Creéis vosotros en los Reyes Magos ó en Papá Noel?



sábado, 5 de enero de 2013

Desde el Cielo



Desde el cielo todo se allana, todo es plano: las montañas, los bosques, los edificios se achatan ante nuestros ojos y si éstos se encontraran abajo, también nos verían diminutos o simplemente desapareceríamos entre las nubes sin dejar ningún rastro. Todo es, según lo veamos; la botella está medio llena o medio vacía, depende..., ante un mismo hecho acaecido, una persona lo percibe de forma completamente diferente a otra. 

Acabamos de estrenar un año nuevo, imaginemos, que es un espacio totalmente vacío que está esperando que tú lo llenes. Si te lo propones será el mejor año 2.013 de tu vida, ¡No lo dudes! Si todos queremos, podremos conseguir objetivos más altos; pero en lo más bajo como en lo más alto, el hecho es el mismo.

Somos insignificantes en el Universo, como un grano de arena que desaparece con el vaivén de las olas.

GREGORIO GIGORRO
"Desde el Cielo"
Tinta y acrílico sobre cartón
Firmado y fechado en 2.013
Medidas: 35 x 50 cm


Aranjuez a 5 de enero de 2.013






viernes, 28 de diciembre de 2012

Recuerdos


Qué noche tan calurosa la de aquel día de julio cuando nos conocimos en una cena en casa de unos amigos en la calle de Espronceda; estaba dicharachero, daba un montón de detalles sobre la cita en la galería Peironcely, se habían interesado por mi trabajo,  yo estaba pletórico de alegría; poco después me dedicarían una exposición individual, "Veraneo en Madrid"; trabajé en dicha galería  hasta que la cerraron por jubilación. ¡Ay Madrid, qué recuerdos!

¿Te acuerdas cuando eramos vecinos en Malasaña? Cruzaba la calle cada tarde  para invitarte a ver la puesta de sol, en el Templo de Devod, vestidos como si  estuviéramos al borde del mar, en  un lugar donde éste, no se concibe.

Una vez subimos a la azotea de la torre de Madrid, acompañados por el conserje, gozando de la vista a nuestros pies, de la ciudad esparcida  hacía la Mancha y al norte las brumosas nubes parecían comerse a la sierra. Al poco tiempo desde la escalera interior de dicha torre me puse a pintar y a la vez  imaginar  un cartel de fiesta que por fortuna sería el elegido para anunciarlas en julio del mismo año.

Lo mejor de la buhardilla era subirme al tejado con el pretexto de limpiar los cristales de las claraboyas,  para obtener mayor claridad; me sentaba sobre las tejas y el cielo encapotado de naranjas, malvas, rosas..., se recortaba por encima de la cúpula de San Cayetano y de un sinfín de antenas sobre las casas.

Los domingos, solíamos bajar a la plaza del Campillo, repleta de trastos y antigüedades que vendían los gitanos. ¡Nos encantaba!, con el tiempo conseguimos comprar alguna que otra  pieza, además de traérnoslas hasta casa, pues Ricardo,  un gitano de ley y vendedor, le pillaba de camino hacía su pueblo.

Otra delicia de la que disfrutábamos, era tomar cañas de cerveza y raciones de oreja con tu padre, en un bar de la calle de Embajadores, sin olvidar las verbenas al aire libre durante las fiestas de San Lorenzo, estando ya embarazada de Andrés.

Lavapiés era nuestro barrio, lo recuerdo chispeante  y popular. No tenía precio ver a la señora de enfrente pasear a su pato  y sus perros  por la calle o como disfrutaban una familia de gitanos cenando en una mesa larga a lo largo de la acera. Como olvidar las  trufas de la calle Mesón de Paredes, la señora  y sobre tod0 el solado de plaquetas hidraúlicas, que de golpe y porrazo un día desapareció junto a la pastelería, claro, y se convirtió en un establecimiento chino.

Imposible olvidar el nacimiento de  Andrés, el sol majestuoso se ponía aquella tarde de un frío enero,  tres años más tarde la mirada pizpireta de Isabel, hizó que el nacimiento de mi hijo lo  recordara más somnoliento, de cualquier modo los dos son lo más maravilloso que me ha sucedido hasta la fecha.

Recuerdo en una noche sofocante de verano, como nos volvimos locos recogiendo cilindros de cartón desechados de una tienda de tejidos, creyendo que me servirían para enrollar telas pintadas por mi. Nos gustaba mucho pasear por la Gran Vía a cualquier hora, de vez en cuando, siendo ya mayorcitos los niños, comíamos en la cafetería del Corte Inglés, en la planta octava; pedíamos la mesa que justo daba frente al edificio Capitol, al fondo como punto de fuga, la torre de Madrid y más al  fondo las montañas descollando entre los edificios y debajo el bullicio de los coches y las aceras atestadas de gente.

Era agradable y lo sigue siendo ir al Círculo de Bellas Artes a tomar un café en un marco decadente y señorial a la vez o subir a la azotea desde donde se ve coronando todo el centro de la ciudad, el espléndido cielo de  Madrid en cualquier época del año. Son muchos los recuerdos que atesora mi memoria, sería arduo repasarlos todos; ahora cuando vuelvo, es curioso, me convierto en  un turista que regresa  a su ciudad y necesita verlo todo para saber que está donde lo  dejó, de esta manera sigo fabricando más recuerdos.

Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"Gran Vía"
Tinta y óleo sobre lienzo
Firmado y fechado en 2.011
Medidas: 46,5 x 33,5


Aranjuez, 28 de diciembre de 2.012







jueves, 20 de diciembre de 2012

La estrella



En una noche de frío invierno, grandes y pequeños salieron a la calle, poseídos por una fiebre calenturienta, encaramándose los unos sobre los otros, esperando alcanzar aquella luz cegadora, haciendo palidecer al resto de los demás astros que poblaban el firmamento; como si se tratara de la nueva Jerusalém  celeste descendiendo sobre nosotros. "A su luz caminarán las naciones y los reyes de la tierra irán a llevar su esplendor",  según se describe en el libro del Apocalipsis.

Ojalá está luz inunde nuestros corazones de esperanza porque si no existe ésta, de poco sirve la vida, y  la alegría rebosante llene  hasta el último rincón del planeta.

En nombre de mi familia  y en el mio propio os deseamos una feliz navidad y esperamos que el próximo año venga cargado de ilusiones.


Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"La estrella"
Acrílico y tinta sobre lienzo
Firmado y fechado en 2.012
Medidas: 25 x 25 cm

En Aranjuez a 21 de diciembre de 2.012