domingo, 8 de junio de 2014

¡Corre, corre caballito!


Imposible, cómo va a correr un animalito de madera, encima atravesado por el medio con un artilugio que le cruza todo el lomo, cual equino de feria, ¡pues no, de ninguna manera!
 
Lo cierto es que la propia postura del animal, invita a pensar que está saltando una valla de un hipódromo cualquiera. Da igual, él lo protegía con mimo, mientras el caballito se encontraba resguardado dentro de una bolsa junto a su nuevo amo, agazapado en el vagón de un metro, atestado a esas horas, se decía: "Es curioso, hace tan solo un rato no tenía esta preocupación, es decir, hacer llegar sano y salvo a este cacho de madera sacado de un contenedor, de esos donde se desecha cualquier pieza por no importa que nimio desperfecto, este mundo es así. Todo ocurrió porque al abrir la puerta, lo vio junto a otro que era su gemelo, bajo una mesa y exclamó: "¡Qué caballos tan bonitos!", repentinamente la dueña se lo ofreció, pero se negó de entrada aduciendo que no podría mostrar sus impresiones sobre todo lo que veía si la respuesta era esa; la verdad, no le parecía bien.
 
Al final, claudicó y llegó a su casa, al otro mundo, ese donde el ruido lo ponen los pájaros por las mañanas y los grillos por las noches. Pronto le encontró un sitio adecuado y se lo regaló a ella; allí sigue el animal quieto, aunque él siempre piensa que puede saltar volviéndose a ver en aquel tiovivo al lado de su hermano pequeño, rodeado de caballos que sujetos por  barras coloreadas, atravesaban sus lomos gordinflones, subiendo y bajando sin parar de dar vueltas, y saludando a sus padres cada vez que les veían.

GREGORIO GIGORRO
GREGORIO GIGORRO
"La jugada"
Acrílico sobre papel de estraza
Firmado y fechado en 1998
Medidas: 35 x 51cm


En Aranjuez a 8 de junio de 2014

sábado, 31 de mayo de 2014

Vestida de tul


Ella, miraba sin ver desde sus ojos azules, con su vestido pomposo de bailarina, con sus zapatitos rosas, como su vestido rosa, junto con otras tantas muñecas desde el escaparate, frente a la gran avenida por la que discurrían, como siempre un rio de gentes de miradas vidriosas, sin ver quizá, ensimismados en sus mundos, que se cruzan sin tocarse.
 
Ella, siempre quiso tener una muñeca, siempre, pero no llegó, hasta que su hija mayor, se la regaló, pasados los ochenta años; ya supo esperar.
 
Ellas, vestidas de forma ordinaria aunque aparentemente elegantes, arrastraban sus vestidos acompañadas por sus parejas con trajes embutidos que más bien parecían prestados, hasta la entrada principal de la iglesia, bajo la mirada pétrea de la virgen rodeada de ángeles; mientras esperaban la llegada de la novia, que por fin llegó como si fuera a una fiesta de verano, casi dispuesta a refrescarse en la piscina de un chalet en una calurosa tarde; nada más lejos de la intimidad que requería la supuesta celebración. En el interior, la elegante e inmensa nave parecía mucho más grande, quizá por el vacío, por la vacuidad de un espectáculo sin gracia, sin casi sentido.
 
Él, abre la portezuela de un despampanante coche negro y, ¿qué ve?, pues a ella vestida de blanco impoluto con su mirada clara, su franca sonrisa y su corona de flores blancas sobre su cabeza. Él, la apretuja colmándole de besos y le dice: "Buen día, princesita"; y da un portazo diciéndole sinceramente adiós con el brazo en alto, antes le ha entregado una caja con una preciosa muñeca, vestida de bailarina; a lo mejor no se esperaba ese obsequio, pero él cree que será de su agrado.
 
Ella, con sólo diez años recién cumplidos no ha necesitado tanto tiempo para mecer a esa muñeca que de golpe y porrazo ha abandonado a sus compañeras de vitrina, como tampoco, para recibir todos los regalos que en ese día le harán. Así es la vida.
 
Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"The treasure"
Acrylic on paper
Signed and dated in 2011
Dimensions: 30 x 50 cm


Aranjuez, 1 de junio de 2014
 

sábado, 17 de mayo de 2014

Celebración


Se encontraban sentados a la mesa preparada para la ocasión, mientras se agarraban con mimo las manos hablándose con ojos tiernos.
 
Abajo la plaza redonda les envolvía, ellos comenzaron a desmenuzar sabrosos recuerdos, entretanto las sombras cubrieron todo de ensueño, la noche se puso íntima como un patio de vecinos. El silencio campaba a sus anchas, solamente roto por el chorro monótono de la fuente y por el canto de algún grillo despistado. La luna, como una guadaña, rasgaba el firmamento y un montón de estrellas se desparramaron por doquier.
 
¿Qué quieres tomar? -El fresco-, le respondió ella.
 
 
GREGORIO GIGORRO
"Pilar"
Tinta y Acrílico sobre lino
Firmado y fechado en 2014
Medidas: 40 x 40 cm





Aranjuez, 17 de mayo de 2014
 
 

domingo, 11 de mayo de 2014

Teatro


No era difícil imaginarse una representación teatral, sentado en aquel lugar magnífico, dos mil años atrás; sobre todo siguiendo las amenas explicaciones de la guía, que si no le gustaba el trabajo representaba estupendamente su papel.
 
El público engalanado para la ocasión se acomodaba según su posición social: las autoridades se situaban cerca de la escena, los solteros separados de los casados, los más pudientes vestidos de blanco, los niños acompañados por sus pedagogos y las mujeres a otro lado, así hasta completar el aforo.
 
Ha llovido mucho desde los tiempos de Augusto, pero el hecho, es que sigue siendo el escenario perfecto, cada verano y desde hace mucho tiempo, para celebrar el Festival de teatro clásico en la antigua Emérita Augusta.

La acústica es maravillosa, lo pude comprobar escuchando a un coro, que nos sobrecogió, sus voces dulces y rotundas resonaron bajo la imponente columnata, bellísima por cierto, de clara raigambre helenística; su forma longitudinal se contrapone al enorme graderío semicircular, justo en el centro de ésta se abre un eje perpendicular ocupado por un jardín florido bajo arquerías, por el que es fácil imaginar a los "escogidos" paseando al finalizar cada función. Ni que decir tiene que no siempre estaban presentes los autores clásicos, como Sófocles o Eurípides; cuando el público era el pueblo se representaban piezas que rayaban en lo soez; de cualquier forma desde los griegos, los dramaturgos se  ocuparon de hablar de los sentimientos más importantes, como el amor, los celos, el odio, el poder, la gloria..., y estos no han cambiado a grandes rasgos a lo largo del tiempo,por eso nos siguen importando tanto. Por  otra parte, el teatro no era puro "teatro", como decía el bolero; era el centro cultural de la época, al igual que el anfiteatro vecino de aquel. Era el lugar donde se expresaban los ideales del Imperio; en muchos casos los espectáculos eran pagados por una persona solvente (Auditor) que tenía otras miras más altas, por ejemplo, el hecho de subvencionar, hablaba de su buen nombre y le allanaba el camino para conseguir sus fines. Trajano, antes de llegar a ser emperador, llevó a cabo una serie de actuaciones públicas que mejoraron su imagen de cara a la plebe.
 
Roma supo extender su mejoras en todos los territorios conquistados, desde la red viaria pasando por las relaciones comerciales, la ingeniería, el arte, sin olvidar el Derecho, que sigue siendo primordial para nuestra sociedad. Pero el tiempo lo muda casi todo, hasta hacerlo poco reconocible; aquella esplendida ciudad como tantas otras, quedó sepultada permaneciendo dormida, hasta que en 1910 comenzaron las excavaciones, sacando a la luz el anfiteatro, el  teatro, el templo de Diana y numerosos vestigios de aquel pasado.

En los años 80 del siglo XX se procedió a construir el Museo de Arte Romano, de soberbia factura y con un importantísimo contenido en cuanto a las piezas custodiadas; pues bien al comenzar los trabajos de cimentación descubrieron una porción de un barrio de época augustea, con sus calles, casas, pavimentos, columnas...; imagínense que hubieran encontrado de haber continuado. Y es que Mérida está por descubrir, si vienes a verla, te deslumbrará, hasta tal punto que los desmanes cometidos con posterioridad quedan empequeñecidos ante la grandeza de los restos hallados. Sin ir más lejos, el embalse de Proserpina construido en aquel tiempo sigue abasteciendo de agua a la ciudad.
 
Como dice el dicho: "Quien tuvo retuvo"
 
GREGORIO GIGORRO
GREGORIO GIGORRO
"Boceto para un foulard"
Acrílico, tinta sobre cartón
Firmado y fechado en 2014
Medidas: 75 x 25 cm


En Aranjuez a 10 de mayo de 2014

jueves, 24 de abril de 2014

Ojos para qué os quiero


Pues os tengo para mirar, para ver todo lo que deseo; desde lo alto de su pedestal, montado a lomos de un hermoso corcel, el rey José I, veía todo lo que arribaba al muelle de Autoridades, desde las lejanas Indias, rodeado por esa plaza majestuosa, abierta al estuario del Tajo, que me hace recordar a la de Venecia, dando la bienvenida, arropado por esa elegante y rotunda arquitectura, fruto del impulso del Marqués de Pombal, bajo cuya dirección se reconstruyó la Baixa después del último terremoto, acaecido el 1 de noviembre de 1755.

No en vano, se bautizó como la Plaza del Comercio, allí desembarcaban los barcos cargados de riquezas de toda índole: sedas, piedras preciosas, especias, maderas exóticas..., y sobre todo otras formas de vida venidas de ultramar.

Este país, asomado al océano, se vio volcado a navegar desde hace siglos, llegando a crear un gran imperio, habiendo fenecido éste, sus habitantes se verían obligados a cruzar el charco, en busca de una vida mejor. Vivir para ver.

Ahora este espacio se ve abarrotado por enjambres de turistas que van unos más frenéticos que otros de un lado para otro, disparando sus cámaras de fotos, para luego testimoniar su presencia en estos pagos. Estamos en la civilización del ocio y la moda por la cultura, ese barniz que disfraza la verdadera ignorancia del  hombre moderno; equipado con el plano en la mano, intentando cubrir todos los enclaves turísticos en tiempo record por supuesto; no llegan aquellas mercancías preciadas, pero si otras que se precisan, ahora los transatlánticos desembuchan un tropel de visitantes, ávidos por patear la antigua Olissipo, fundada por Ulises, aunque no es la única leyenda sobre el origen de Lisboa, en cualquier caso es más antigua que Roma.

Pero hoy como ayer, la luz del sur viste de anaranjados  y rosas pálidos a la ciudad blanca, cada tarde, hoy como ayer si logras abstraerte del bullicio  de las gentes,  el sol será generoso contigo, acariciando  tu  cara, mientras las olas lamen tus pies desnudos.

¿Qué no habrás visto tú?, encaramado a tu caballo, engalanado con tus atributos reales desde tu mirada verde; por cierto al inagurarse en 1775, sufrió una ligera variación, al instalarse por impericia de los obreros, hacia el lado izquierdo, lo que provocó una leve asimetría del conjunto, pero la  verdad, esto ni  quita ni pone al encanto de una ciudad  como la que nos ocupa, os lo aseguro.

Gregorio Gigorro
GREGORIO GIGORRO
"Ojos verdes"
Tinta y acrílico sobre cartón
Firmado  y fechado en 2014
Medidas: 35 x 50 cm



En Aranjuez a 24 de abril de 2014

domingo, 6 de abril de 2014

¡Cuánto ruido!


El vaso se rompió en mil pedazos de cristal, sobre el suelo cerámico de la cocina, mientras el café salía a borbotones echando humo de la cafetera; él bajaba las escaleras a toda mecha, sin apagar el despertador.

¡Zas!, de un portazo cerró la puerta y poco después sonoramente hizo lo mismo con la cancela; encendió el motor del coche, marcha atrás y de otro golpazo la puerta del garaje.

Corre que te corre bajó la cuesta, sonidos de claxon y ruido del autobús que ya estaba en marcha. La carretera era un inmenso y largo tapón y las sirenas de las ambulancias, los coches de policía y así hasta llegar al trabajo, sin duda se había producido un accidente. Y otra vez el ruido de los alumnos, el de la música, los balones rodando por el suelo...Y poco más tarde las pancartas de la manifestación, las consignas formaban un griterío que llenaba la avenida, el humo de las pelotas de goma lanzadas por los cuerpos coercitivos y él corriendo, sorteando de todo, las latas sobre la calzada, los cristales rotos, el olor a basura, y él pensando que no llego a buscar a mi hijo.

Sube, baja del autobús, cruza la calle a toda prisa, y pum, el timbre del colegio; él jadeando y chorreando de sudor esperaba la salida de su pequeño.

Por fin se para, bajo la acacia, el cielo azul se recortaba entre los tímidos brotes verdes del árbol, que no hacen ruido pero que darán sombra verde a los viandantes y cobijo a los pájaros, como tampoco lo hacía el perro moviendo su rabo y levantando las orejas al verlo.

¡Ruido, pero cuánto ruido y qué pocas nueces!

Papá, te estaba esperando, ¿Dónde te habías metido?, le dijo sonriendo.

GREGORIO GIGORRO
"Estamos preparados"
Acrílico sobre lienzo
Firmado y fechado en 1996
Medidas: 60 x 81 cm




En Aranjuez a 7 de abril de 2014

domingo, 16 de marzo de 2014

La casilla



Paseaban sin prisa cogidos de la mano bajo el sol, por una carretera zigzagueante que miraba hacía el oeste, el campo ya olía a primavera; llegaron después de un buen rato a la "casilla", lugar situado al borde de la carretera donde transcurrieron muchos veranos y domingos, donde la familia entera se reunía bajo la sombra de las moreras, él se acordaba de aquellos ratos inolvidables; del olor al guiso que hacía su abuela, cuando paseaba a los más pequeños en su carrito, los hijos de su tía, la mujer de su tío postizo que era caminero y por eso vivían en ese sitio, en medio del campo; cuando la carretera era una recta interminable hasta Toledo. Aquellos veranos llenos de grillos y de calor suavizados por los baños en el arroyo cercano, los paseos al vivero a tiro de piedra de allí, ahora desparecido bajo una enorme autopista y otro vivero de pacotilla había sido colocado en su lugar; el de su infancia tenía una entrada majestuosa bordeada de magnolios relucientes en primavera;  también se acordaba de las caminatas al caer la tarde, hasta la junta de los ríos, escoltados por una nube de mosquitos.

Ahora el lugar era un basurero, una completa ruina, habían arrancado las rejas, las puertas y quemado las paredes; ascendió al piso superior para ver la chimenea en la cual tantas veces se había calentado, donde su tía había colocado una carroza en miniatura de cristal que tanto le había fascinado, donde había un lilo,  un huerto por el que correteaba el agua que hacía crecer a las patatas, donde...

Toda esa infancia se  había convertido en escombros pero de la que reconocía de lejos algún retazo al que aferrarse para seguir caminando. Continuaron cruzando el puente sobre la carretera general que había partido en dos aquel silencio inmaculado bajo el cual a su paso salieron un grupo de palomas blancas, no todo era malo  pensaba con la mano agarrada a la de ella y siguieron la recta interminable hasta ganar la noble entrada de La Flamenca, coronada  por dos  esbeltos jarrones,  arropada por robustos  y altivos plátanos de sombra,, que  distinto aquel paseo  inpoluto cuando su tío le llevó  hasta lo alto, donde se encontraba el  palacio  ducal guarnecido de vegetación; el sol seguía en lo  alto y  el silencio era el dueño y señor de la  tarde, solo  interrumpido por algún coche  que  pasaba.

Regresaron lentamente como habían venido y  pensó: "Nunca regreses a donde un día fuiste feliz, pues ni  tú eres el mismo, como tampoco el lugar  testigo de lo ocurrido  y  que  ahora  trataba de rememorar en vano",


GREGORIO GIGORRO
"Al sol"
Tinta sobre papel
Firmado y fechado en 2014
Medidas: 14,5 x 14 cm



En Aranjuez a 16 de marzo de 2014