domingo, 24 de mayo de 2015

El color de la vida



 
Rojo, como la fuente de barro repleta de tomates recién cortados de la mata del cercano huerto.
 
Rojo, como los geranios reventones dentro de sus macetas.
 
Rojo, como el clavel oloroso, colocado en la solapa del traje o coronando el moño de aquella gitana arropada por un enjambre de flores en la calle.
 
Como el mantón de manila, rojo sobre fondo negro, una ristra de color desplegada sobre un balcón cualquiera.
 
Rojo, como la sangre del toro derramada sobre el albero en aquella tarde taurina.
 
Rojo, como los ojos conmovidos escuchando una música sublime.
 
Rojo, como tus labios que al besarlos tiñen los míos también del mismo color.
 
Rojo, como los esplendidos atardeceres escoltados por los últimos arreboles del ocaso.
 
¡Rojo, rojo, rojo!
 
GREGORIO GIGORRO
GREGORIO GIGORRO




En Aranjuez a 25  de mayo de 2015
 
 

miércoles, 20 de mayo de 2015

A fondo



Corre, corre caballito, le decía la mirada del muchacho a su equino, éste con la suya parecía asentir; se habían preparado concienzudamente para la gran carrera, todos los días se entrenaban, poco importaba estar cansado o desanimado, que hiciese calor o frio.
 
El caballo y el jinete realizaban escrupulosamente el ritual diario paso a paso; enjaezaba al animal, se embutían su uniforme desde las botas a la gorra, siempre imaginándose que ya había llegado el día señalado.
 
Viene que ni pintado el término francés "repétítion", ensayo en nuestro idioma, repetir una y otra vez hasta la saciedad para conseguir lo deseado.
 
El abuelo, sentado al sol no perdía ningún detalle de la escena, mientras golpeaba suavemente el bastón sobre las losas de piedra, le resonaba el sonido de las herraduras relucientes camino de las caballerizas. Se veía como un mozo atento a las indicaciones de su padre, un consumado jinete antaño; había librado multitud de competiciones, resultando ganador en unas, perdedor en otras, dependiendo, claro está, de los escollos que tuvo que sortear.
 
Los ojos decrépitos del abuelo hacían rememorar aquella frase de Jean Cocteau, "Yo tenía veinte años y de repente tengo ochenta", sin dejar de observar a su querido nieto.

GREGORIO GIGORRO
GREGORIO GIGORRO
"Abanico"
Acrílico y tinta sobre madera
Firmado y fechado en 2015

 

domingo, 17 de mayo de 2015

Ausencia



Enciéndeme las noches de mis días, oscuros y desangelados desde que te marchaste.
 
Que vago de un lugar a otro sin sentido.
 
Enséñame a encontrar un rumbo firme, felices juntos y para siempre.
 
Enciéndeme la luz de cada mañana para que brille el sol y todo vuelva a ser mágico entre los dos.
 
Esté donde esté todo me sabe a ti en un mundo en el que nada tiene ya sabor para mi.
 
Yo sigo siempre esperando sentada en el quicio de la puerta de par en par, hasta que regreses a mi.




GREGORIO GIGORRO
GREGORIO GIGORRO
"Fragmento de Esbozo de un sueño"
Acrílico sobre lienzo
Firmado y fechado en 2015
Medidas: 65 x 81 cm




En Aranjuez a 18 de mayo de 2015

jueves, 14 de mayo de 2015

Lights! Camera! Action!



The sound of heels on the living-room hardwood, papers fluttering onto the floor, gathered in a rush, clothes strewn over the bed, suitcase bursting with clothes and papers and other personal belongings.

The sound of boots in the kitchen, the smell of fresh coffee under the yellowish glow of a lightbulb, doors being shut, cupboards being opened, the sound of cups on the table.

Once last glance at the apartment, the plants, the pictures on the wall, the many items that have been part of their life, making it particularly meaningful; the door bangs shut, the sound of keys can be heard, the phone rings insistently, raucously, but nobody takes the call.

They cautiously open the lift and, out on the street, a cab waits in that cold April night; it sets off, against a monotonous sound of wipers, and they bear straight along the avenue littered with sleepy lamps, towards the airport.

Shortly afterwards, a black car screeches to a halt in front of the house and four men in raincoats and hats rush out and upstairs; soon, all the lights in the abandoned house are on, and the din of furniture being overturned and objects being shattered can be heard; nothing is spared.

About take off, they both look at each other, oozing nostalgia. They’re on a flight to hope.

 
GREGORIO GIGORRO
GREGORIO GIGORRO
"Qué tarde la de aquel día"
Acrylic and ink on canvas
Signed and dated in 2015
Dimensions: 54 x 81 cm




Aranjuez, 15 mayo 2015

sábado, 9 de mayo de 2015

Recuerdos



Siempre se le hacía un nudo en la garganta al recordar aquello que le decía: "Hijo, si tienes que hacer algo que no te gusta, hazlo bien y pronto, porque sino tendrás que repetirlo; después podrás dedicarte a lo que te guste".
 
¡Cuánto aprendí con Andrés!,  pasaba mucho tiempo con nosotros, para mi era alguien bueno y entrañable, con él crecí al calor de sus consejos, de su humor, de su honradez, junto a Antonia, su mujer, a la que siempre tengo reservado un lugar preferente en mi cabeza, eran una pareja de otra época. Es curioso, pero el tiempo real transcurrido no ha sido tanto, aunque creo que el cambio acaecido entre nosotros es inmenso, a veces para mejor, otras para peor y algunas, lo dejamos en tablas. Pero el consejo que me dio Andrés, si perdura y ahora se lo transmito a  mis hijos.
 
Muchos conocimientos pasaban de generación en generación al calor de la lumbre, era un hecho cotidiano.
 
El otro día me contaron un chiste, en un bar había un letrero en el que rezaba: "No hay wifi, así que señores hablen entre ustedes". Patético; seguro que hay un camino intermedio pero quizá con tantas luces, fogonazos y estruendos huecos no atinamos a encontrarlo, sin duda haberlo lo hay seguro.
 
 
GREGORIO GIGORRO
GREGORIO GIGORRO
"Andrés"
Óleo sobre lienzo
Firmado y fechado en 1981
Medidas: 28 x 23 cm




En Aranjuez a 10 de mayo de 2015
 

viernes, 1 de mayo de 2015

Sobresalto


Al llevarse la taza a los labios, se quemó un poco, dejándola sobre el plato bruscamente, manchándose sus piernas desnudas.
 
Abrió los ojos, más de lo que los tenía y eran hermosos, balbuceó...Ar...Armando Menéndez Caracciolo, ¡Dios mío!, había sido su primer novio cuando cursaron estudios en el Instituto Italiano de Madrid, lejos quedaban aquellos días dulces, cuando descubrieron el amor, el primero. Mas tarde su partida a Estados Unidos para estudiar arquitectura, dura para los dos, más difícil aún para ella.
 
El tiempo pasó inexorablemente; se enteraba de vez en cuando de sus éxitos, él se había convertido en el arquitecto de moda, presente frecuentemente en fiestas de alto copete; a ella no le había ido mal como publicista, amante de su trabajo y sobre todo de sus tres hijas. En cambio él parecía haberse casado únicamente con su trabajo.
 
Ahora yacía solo, sin focos, felicitaciones, ningún agasajo social.
 
El brusco sonido del despertador, le hizo saltar de la cama como siempre a la misma hora y como siempre encendió la cafetera pues la preparaba la noche anterior. A continuación enchufó la radio en la misma emisora para escuchar las noticias; una voz grave pero no seca, decía: "Esta mañana han encontrado en la piscina municipal a un ahogado de mediana edad; por el momento se desconoce su identidad".
 
Ella se quedó fría y se sentó abatida, confusa, mientras tomaba su desayuno, no por mucho tiempo sino quería perder el autobús para ir al trabajo.
 
 
GREGORIO GIGORRO
GREGORIO GIGORRO
"Sosiego"
Tinta y acrílico sobre cartón
Firmado y fechado en 2015
Medidas: 33 x 24 cm




En Aranjuez a 1 de mayo de 2015







 
 

domingo, 26 de abril de 2015

El susto


El olor a hierba recién cortada, se mezclaba con el de la gasolinera cercana, cruzó la carretera con paso rápido, tomó el paseo de los olivos, disfrutando de la fragancia del romero y por fin llegó a la piscina municipal; siempre quería ser la primera, era impagable cortar con suavidad el cristal transparente, límpido del agua, además temprano estaba más fría, eso le tonificaba.
 
Se despojó en un pis pas del pantalón corto y las zapatillas,  al aproximarse, se quedó lívida, sin habla; un cuerpo varonil joven flotaba, permaneció un rato observando al cadáver, sin mover los labios, ajena a los devaneos sonoros de los pájaros, al ruido de los coches.
 
¿Quién era aquel hombre? Se dirigió a la recepción comunicando lo sucedido, mientras que llegaba, intentaba buscar y rebuscar en su cerebro aquella cara que esbozaba una leve sonrisa, pues no le era desconocida, ¿Dónde la había visto antes?
 
Dio al conserje su número de teléfono, indicándole que estaría en el bar de enfrente, por si pudiera ser de ayuda a la policía, que sin duda llegaría en un santiamén al lugar, pues de ese tipo de sucesos había que desembarazarse lo antes posible ya que no daban buena prensa a ningún sitio.
 
Al mismo compás que movía el oloroso café, su cabeza daba vueltas  y más vueltas, hurgando en sus recuerdos.
 
GREGORIO GIGORRO
GREGORIO GIGORRO
"En su mundo"
Acrílico y tinta sobre cartón
Firmado y fechado en 2015
Medidas: 33 x 24 cm




En Aranjuez a 27 de abril de 2015